lunes, 22 de febrero de 2016

LOS DÓLMENES DE HERNÁN PÉREZ


Los dólmenes, monumentos megalíticos de tiempos pretéritos, también tienen su sitio en la historia de Sierra de Gata. La principal concentración de estas construcciones funerarias se encuentra en el municipio de Hernán Pérez, casi todos ubicados en la zona conocida por el nombre de “Prado Castaño” y en la Dehesa. Ahí se han localizado al menos cuatro dólmenes y es posible que en el futuro se pueda descubrir alguno más; los más notables son el Dolmen del Chanquero y el del Matón.
El origen de estos monumentos funerarios, así como el de las estelas de guerreros y de los ídolos hallados en esta localidad, se cree que se pueden deber a una influencia cultural tartésica.  Algunos estudiosos los vinculan a las creencias religiosas de gentes que emigraron del sur en busca del estaño que era necesario para la obtención del bronce. Posiblemente debió haber bastantes más pero el paso del tiempo tan sólo ha permitido que lleguen hasta nuestros días unos pocos.
De una época que algunos se atreven a definir como Bronce Atlántico  se cree que datan del año 2500 a.C. ; aunque no será hasta el siglo XVI d.C. cuando se tengan las primeras noticias de ellos, cuando fueron descritos por el cura párroco de Hernán Pérez D. Bartolomé Gutiérrez.
Empero no será hasta el siglo XX cuando el maestro nacional D. Julio Morano comunique su existencia a los encargados del Museo Arqueológico de Madrid. Éstos investigaron esta importante necrópolis de la Época del Bronce,  una de las más relevantes en tierra extremeña al norte del Tajo. Fruto de ese trabajo fue la clasificación, catalogación y excavación de estos dólmenes.


Estas construcciones funerarias desgraciadamente habían sido violadas por los cazadores de tesoros y tan sólo se pudo encontrar algunos restos de cerámica, un par de hachas de piedra; todo ello muy revuelto y fuera de su emplazamiento original. 
Pero el municipio de Hernán Pérez no es la única localidad de Sierra de Gata que tiene estas construcciones funerarias en su término municipal; también las podemos encontrar en Descargamaría, en Villasbuenas de Gata y en Valverde del Fresno.



Estos monumentos megalíticos nos prueban la población de sierra de Gata prácticamente en los albores de la civilización occidental. Una muestra más, por tanto, de una riqueza cultural y un grandioso pasado ignominiosamente desconocido e ignorado por propios y extraños.     

EL ENCAJE DE BOLILLOS DE ACEBO EN LAS HEMEROTECAS

Como algo inherente a la naturaleza de los acebanos se encuentra el encaje de bolillos. Artesanía de una finura exquisita y tejida por unas manos de paciencia infinita.Durante siglos los encajes de Acebo sirvieron para adornar los vestidos de las damas de la alta sociedad y de una burguesía incipiente. No en vano la pericia comercial de los acebanos les llevó a venderle este tipo de tejidos a la mismísima Reina de España.
            De estas dotes comerciales de la sociedad acebana, que algunos atribuyen al pasado semita de los habitantes de esta localidad serragatina, se hicieron eco los más prestigiosos periódicos, que circulaban por las tertulias de los cafés de la capital de España.Como fue el caso del amplio monográfico que publicó el diario Nuevo Mundo el trece de marzo de 1915,en el que se hablaba de la gran calidad de los encajes de bolillos de Acebo, y de la labor comercial de las gentes de esta localidad.
            En un extenso poema, de un tal Azabeño, publicado en el diario Tierra Charra el 23 de marzo de 1930 nº 129, se hablaba así de los encajes de bolillos de Acebo y de las acebanas:

….Adiós, niñas del Acebo,
Casi todas encajeras,
Que tomáis ricas naranjas
Paseando por güertas
De mi parte le diréis
A la Máxima y la Pepa
Que me manden naranjitas
Naranjitas de las buenas….

Empero el diario que más trató sobre los encajes de bolillos fue el diario ABC, que el 30 de mayo de 1940 iniciaba una serie de artículos sobre el encaje de esta población extremeña, que con el tiempo se convertirían en uno de los máximos atractivos de cualquier muestra de artesanía que se celebrase en España:Mercado de Artesanía de Cáceres (artículo del 16/11/1955), Cáceres en Madrid (artículo del 13/06/1956), Cáceres Artesanía Extremeña (artículo del 23/06/1963), Cáceres los trabajos de los Artesanos (artículo del 08/06/1964), Cáceres Exposición de Artesanía Provincial (artículo del 07/12/1969), Acebo Capital de los Encajes de Bolillos (artículo de 04/03/1973), La Lencería Popular Extremeña, Objeto de una Exposición en Plasencia (artículo del 26/05/1974).





La Revista Temas Españoles dedicó su monográfico de 1956 a un divulgativo reportaje sobre los bordados y encajes españoles, en el citado número el encaje de Acebo tenía un apartado especial.


El diario Hoy y el Periódico de Extremadura también se han preocupado por esta artesanía a lo largo de toda su actividad informativa. Pero quizás el reportaje más interesante, desde el punto de vista histórico-informativo, fue el que escribió Koldo Gorospe en la Revista Ibérica en el año I/nº 5-10/98; en el citado artículo entrevistó, de una manera exhaustiva, a la encajera Carmen Seco Lázaro; la cual describió al periodista todo el proceso de elaboración de las famosas puntillas de encaje; así como los utensilios que se empleaban en la elaboración de las mismas.





Otro de los periódicos que trató la temática del encaje de bolillos de Acebo fue La Crónica de Sierra de Gata que en su nº 2 de 2008, y bajo el título Magia entre los Dedos,  publicó un bello cuento escrito por su Directora.



El punto nacionalista lo puso La Voz de Galicia que el 5 de febrero de 2010 aseguraba, en otro ilustrativo trabajo, como las mujeres de Camariñas habían llevado el encaje de bolillos a la Extremadura del siglo XVI; cuando, según la tradición oral, los canteros gallegos construyeron la iglesia de Acebo.


Como se puede observar el encaje de bolillos de Acebo ha sido fuente periodística de los más diversos medios escritos que han existido en la España contemporánea.

LA TRADICIONAL MATANZA DEL CERDO, ACEBO 1999





            A lo largo de los siglos ha sido común entre las familias serragatinas criar al menos un cerdo que sería sacrificado por San Martín o en los meses de invierno y que serviría para llenar las despensas de infinidad de embutidos que luego se irían consumiendo durante todo el año.
            Hasta hace bien poco era bastante habitual ver deambular por las calles de nuestros pueblos de Sierra de Gata  a los cerdos e incluso cuando alguno se escapaba de la pocilga, el marrano se convertía en una atracción para niños y adultos que acudían prestos a inmovilizarlo con el fin de encerrarlo de nuevo en su habitáculo.
            Pero la fecha que se convertía en un gran evento familiar era el día que se sacrificaba al animal. Ese día intervenían todos los miembros de la familia desde los más ancianos, a través de sus consejos, hasta los más jóvenes que ayudaban en las tareas más básicas.
            Para poder sacrificar al animal se tenían que emplear a fondo varios hombres, que en algunas ocasiones se las veían y deseaban para poder tumbar al puerco sobre un banco de madera.




            Pero lo que más impresionaba a los forasteros eran los chillidos del animal cuando se hendía un gran cuchillo en el cuello y se desangraba mientras una mujer removía la sangre con el fin de evitar su coagulación. Posteriormente, y antes del despiece, se procedía a quemar el vello del animal siendo frecuente que ante el calor abrasador del fuego que desprendía la capa de helecho colocada sobre él activase el último hilo de vida del animal y ante los ojos perplejos de los asistentes éste iniciase una efímera carrera para definitivamente caer desplomado  en el suelo.
            Mientras duraba el ritual del despiece se iban cocinando partes del cerdo que se degustaban entre todos los asistentes, el rabo, la careta, las orejas, el probao, etc se convertían en parte indispensable de la tradición gastronómica de ese día.
            La superchería popular también hacía acto de presencia en este gran evento vinculado con la tradicional cerdofilia extremeña y es que aquellas mujeres que se encontraban en proceso menstrual no solían intervenir en la fabricación de los embutidos, pues la superstición local pensaba que esa colaboración originaría la perdida de todos los productos del cerdo.  
            Actualmente la matanza tradicional ha desaparecido y tan sólo se realiza alguna vez al año en ciertas localidades como atracción turística como es el caso de la que se celebra frecuentemente en Cadalso.


jueves, 11 de febrero de 2016

SALVALEON

Este verano, en pleno mes de julio, le comenté como en otras ocasiones a mi gran amigo Gustavo que iba a ir un día a Valverde del Fresno a visitar las ruinas de la ciudad medieval de Salvaleón. Como en otras muchas ocasiones se ofreció a llevarme y acompañarme en la visita, cosa que agradezco enormemente, ya que no es la primera vez que me he encontrado en serias dificultades en el monte al intentar visitar algunas ruinas o ciertos parajes de extraordinaria belleza y aunque la idea que tengo es que mis restos reposen algún día diseminados por la Cervigona o en la cima de Jálama, creo que todavía ese momento no ha llegado.



Ese día nos levantamos temprano, más que nada para evitar el calor sofocante de este verano pasado. Después de tomar un café en Hoyos emprendimos la marcha hasta casi la frontera con Portugal, desviándonos a pocos kilómetros de ésta a través de una pista forestal que, carente de indicaciones, nos dejó a los pies del inmenso recinto amurallado.



En un pequeño cartel explicativo pudimos leer parte de la historia de esta ciudad, en el mismo se establecía su fundación en la época medieval; sin embargo otros estudiosos como Gervasio Velo Nieto consideran que dicho enclave fue fundado antes de la llegada de los romanos, probablemente en tiempos de los vetones, y que ya en la época romana existía allí la ciudad de Interamnia, la cual fue estipendaria de Mérida; contribuyendo a la construcción del puente de Alcántara.





Con la Reconquista de estas tierras se volvió a refundar, tal y como asegura Gervasio Velo, y se convirtió de nuevo en una próspera ciudad, que con el paso de los siglos sería de nuevo abandonada por la inseguridad que la frontera portuguesa ofrecía a sus habitantes. 



Hoy en día tan sólo se puede contemplar buena parte del recinto amurallado, de un ancho de 3 metros en algunos de sus tramos, construido principalmente con grandes lajas de pizarra. La extensión del mismo, varias hectáreas, da idea de la relevancia de dicha ciudad y de la población que pudo llegar a albergar. En su interior se pueden distinguir todavía algunas paredes de algunos edificios y en el exterior el magnífico foso que sirvió de protección a sus moradores.









El silencio y las extraordinarias vistas de los montes de Portugal y del encuentro que se produce en esa zona de los ríos Erjas y Basádiga culminaron una visita a uno de los restos arqueológicos con más solera de nuestra Comarca.