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lunes, 6 de abril de 2026

BATEANDO ORO EN EL RÍO ÁRRAGO, Hernán Pérez

Como si de la fiebre del oro del antiguo oeste se tratase, la mañana del primer sábado del mes de abril emprendimos la marcha hasta el cercano río Árrago para experimentar la sensación de los antiguos buscadores de oro del lejano oeste; o quizás como herederos del antiguo pueblo prerromano de los Arraconenses, quienes en tiempos pretéritos ya buscaban el dorado metal en las aguas de este río serragatino. Provistos de unas simples bateas llegamos al cauce del río y he de decir que me dejé llevar por la sabiduría de mis acompañantes, quienes ya eran personas versadas en estas cuestiones auríferas. La mañana comenzó bien, pues en el primer intento aparecieron dos pequeñas, casi milimétricas, pepitas de oro; es el tipo de oro que suele aparecer en el cauce de este río.
Pero a veces el destino te sorprende y recibes una master class sin buscarla. Al poco tiempo de estar allí apareció un individuo de origen búlgaro, según nos confesó, y de nombre Daniel; que tenía por hobby disfrutar de su tiempo libre buscando oro por diferentes zonas de España. En poco rato desplegó todo un arsenal de instrumentos necesario para una buena batea de oro: criba, detector de metales, bateas de diferentes tamaños, pala, pico y unas inmensas cubas de plástico donde realizaba un primer filtrado de la tierra.
Daniel conocía perfectamente la sierra y todos los enclaves donde se podían encontrar pepitas de oro. Y en el transcurso de la conversación nos relató que venía directamente desde Asturias de buscar oro y que iba a pasar el día en la Sierra, para por la tarde marcharse al Tormes para realizar allí una última batea antes de regresar a Madrid.
El día sin duda fue de los más instructiva y aunque Daniel no encontró oro su master class no la olvidaremos nunca. Nosotros al final de todo decidimos devolver las pepitas a su lugar de origen y borrar las pequeñas cicatrices que le habíamos causado al Dios Árrago.