El Empecinado y sus soldados frente al rollo de Moraleja
El 25 de mayo de 1823 tras la procesión del Corpus Christi un grupo de realistas desarmaron a la milicia de Coria y retiraron la placa constitucional, proclamando a Fernando VII como único rey de España. El levantamiento en la ciudad estaba promovido por el Cabildo Catedralicio y en cuanto la noticia llegó a Ciudad Rodrigo desde allí le ordenaron al Empecinado que se dirigiese a la población extremeña por miedo a que el ejemplo cundiese y la sublevación se extendiese a Plasencia y a toda Sierra de Gata.
El Empecinado al frente de un nutrido grupo de hombres armados, entre los que se encontraban algunos lanceros de Don Julián, llegaron a Coria después de una larga marcha por caminos tortuosos que ya otros ejércitos y cuadrillas guerrilleras habían transitado. Cuando se acercaron a las históricas murallas de la localidad se encontraron con una férrea defensa entre cuyos muros se habían atrincherado un grueso grupo de milicianos que les hicieron frente de manera temeraria.
Los del Empecinado con su jefe a la cabeza tomaron el convento de San Francisco desde donde asediaron la localidad hasta que consiguieron su rendición. Una vez derrotados los sublevados, el héroe guerrillero de la Guerra de la Independencia ordenó la detención del Deán y de tres de los canónigos de la catedral que fueron considerados los promotores de esta sublevación, imponiéndoles una contribución de 5000 reales que de no ser abonada inmediatamente serían fusilados.
El Cura Merino al enterarse de la situación que se vivía en Coria decidió personarse en la localidad al frente de una milicia armada.
El Empecinado al saber de la llegada de su antiguo compañero de armas y ante la inferioridad numérica decidió emprender la marcha hacia Ciudad Rodrigo, no sin antes apoderarse de la plata de la Catedral de Coria. La marcha se inició a media tarde del 8 de junio con destino Moraleja.
Extenuados por el cansancio y la lucha decidieron hacer noche en esta otra localidad extremeña. El Empecinado se alojó en una de las mejores casas de la localidad propiedad de un acomodado agricultor local. Una vez allí decidió que en el momento en el que hubiesen descansado un poco partirían hacia Hoyos, pero prácticamente no habían comenzado a relajarse cuando hicieron acto de presencia algunos de los milicianos del Cura Merino. El Empecinado y sus hombres a mandobles, espadazos y lanzadas consiguieron montar a la grupa de sus caballos y emprender una huida a la desesperada con dirección a Hoyos; perseguidos muy de cerca por los rebeldes. En esa pequeña localidad consiguieron rechazar al grupo de los hombres de Merino y consiguieron tomar el camino hacia Trevejo donde se atrincheraron entre las murallas del derruido castillo.
Plano del castillo de Trevejo
El Cura Merino dio orden a su avanzada de volver a Moraleja y El Empecinado consiguió reunir a los restos de su grupo no sin antes enterarse de que el Cura Merino había asesinado a su hermano Dámaso y a 30 hombres más de su grupo, entre los muertos también se encontraba su tío el Teniente Coronel Pablos Hermógenes Guijarro.
Los rescoldos de la Guerra de la Independencia dieron origen a un sin fin de guerras civiles en las que los antiguos compañeros de armas que lucharon codo con codo contra los franceses se despellejaron los unos a los otros en nombre de unos ideales y de unos reyes muy alejados de los valores que germinaron en un Cádiz asediado por la ignominia napoleónica.

